El cafe en el caribe

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El gorro panamá me hecha de cabeza al igual que a un visitante en el Caribe: no lo traigo con el garbo impasible de un lugareño, ni lo utilizo con la naturalidad del que haya un final menos inútil más que ornamental, y la luz sintética de la paja reclama y acusa a gritos “¡Miami, Miami!”. A una hora de “la misma ciudad del continente americano, y talvez del plantea, donde una ciudad venida de otra nación, de otra cultura, con otro idioma, se ha hecho dueña del lugar en solo una generación”, al comentar del maestro Tom Wolfe en su novela Bloody Miami, el avión de American Airlines estaba aterrisando en las islas Caimán: calor calor calor, ni una sola nube, muy húmedo el ambiente, el sol infame como una luz de sala de interrogatorios que te deja segado y, nada más poder parar en el piso, una oleada de sudor que te moja, aguando la experiencia bautismal del primer chapuzón en el mar cristalino. He llegado por las causas profesionales, si es que el reportero puede llamarse una carrera, y en poca distancia al aeropuerto al hotel observo que se maneja de la misma forma que inglés (por el lado izquierdo) y que en la parte de afuera las mínimas construcciones públicos cuelga la foto de la Reina en toda su fuerte cara, un detalle que cobra dimensión histórica en el momento se trata de algunos de los rasgos que la diferencian del paisito que tributa a la Corona: gloria fiscal y misterio bancario. El mito dice que este islote caribeño era una estacion afuersa de los corsarios de Inglaterra y que en un momento aciago diez navios naufragaron cerca de sus fronteras. En forma de agradecimiento por el costo de los habitantes que se precentaron s la ayuda de los británicos poniendo en riesgo su existencia, en la capital de Inglaterra se formo que esa colonia remota nunca pagaría ningún impuesto. ¡Qué oportunidad para ricos díscolos, empresarios dudosos y políticos corruptos! Se les vea por las calles del medio en short y ojotas pero con maletas de cuero negro, el cuello rojo, las piernas delgadas y los estomagos abultados. En esta isla de 50.000 lugareños hay 50.000 fabricas registradas, con su localidad fiscal en alguno de estos hogares de madera pintadas de verde-agua o amarillo-patito: como la construccion más grande tiene solamente cinco niveles y es un hotel de los mas valorados y lujosos, los bancos con sus bóvedas llenas de dinero y lingotes se visualisa como cabañas bajas al estilo caribeño, pero fortificados. En mi módica excentricidad como trabajador en medio de los viciados trabajadores, me doy la oportunidad que tengo la capacidad de darme, no un monton de dinero susio sino otro tesoro oscuro: un cuarto kilo de Blue Mountain, el café más caro de la tierra. “¿Jamaica no problem? Ha, ha, ha”. Con un tono de voz, Adam se rie de la frase fumón que no dejo morir a la isla de a lado en su camino de indolencia, de la que Caimán se hizo libre en 1863, pero los lazos históricos y geográficos jamas se quebrarian en lo que una siga siendo el Uruguay de la otra. Él labora en un hotel y se jacta de la seguridad policíaca que, en proteccion de los bancos, hace de esta una isla segura y de esa una llena de problemas y de droga. Y de café. En el siglo XVIII, los vencedores de Inglaterra vieron que los franceses usufructuaban sus plantios de cafe en la isla Martinica y en su Guyana, que los portugueses cosechaban plantas por todo el Brasil, que los misioneros católicos dividian tantos plantines como penitencias por Colombia y Venezuela y que ellos no podían ser menos. “Una de las tareas más importantes que hacian los primeros exploradores europeos era meter arbustos que no existían en los sitios en los cuales las cosechaban”. Porte cafe máquinas de cafe y servicio de coffee break

 

 

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