Mitos de la dieta y el café

maquinas-cafe-pareja“Aguas con los espectros en tu pansa: ideas limpias, intestinos limpios”. Con la manía con la gracia o las deposiciones (observaba el cuerpo justo como el accesorio de un enorme cilindro para empezar y también para terminar, la ornamenta en el entorno de los órganos del estómago los intestinos que debían de sufrir a causa de pocos líquidos ingeridos en mucho tiempo, por encima enemas. “medico, ¿cada cuánto tiempo se debe uno limpiar sus órganos?”, era la duda del cliente que lo apoyaba en sus caídas cientificistas. “Uno nunca, ¡nunca!, debe no dejar acabar su inspiración para hacer del baño, como en las exposiciones de animales del Bronx y de Inglaterra, que realicen evacuación todos los días a los changos no una, un par o tres veces más bien cuatro; cuando hayan transcurrido 24 horas, la habitaciones de barrotes están repletas de mucha variedad saludable”. ¿Y el género? “El género dejar limpia la salud del cuerpo y el que sea uso para lo que fuera que no fuera reproducirse es igual a tiempo y energía mal gastada, de delitos religiosos y de vida”. ¿Y la carne? “El que mata mamíferos para alimentarse se muere lentamente; cada pedazo de carne tenia vida e ingerirla es como comer un difunto”. ¿Y el vicio? “El órgano natural es lo único que se pone en medio del fumador y la muerte”. En su busca nada sana de la limpieza física, para el extravagante doctor que invento una nueva dieta a partir de una dieta de vegetales, la buena alimentación y el ejercicio una religión pagana ligero inspirado en los pensamientos de la Religión Adventista del sexto Día, otras causas que debían no realizarlas eran los colchones de plumas, las historias de amor y el auto placer. ¿Y el café? “Arghhhhhh, la costumbre del té y el café es una de las más grandes peligros en contra de la salud de los estadounidenses”. Poco aguante cardiaco, aterosclerosis, apoplejía, paso del tiempo en corto tiempo y malestar de Bright, una nefritis que afectaba y deja algunos órganos similares a dos pasas de uva: el explorador de la prensa del poco beneficio saludable que ocupa hojas en las partes aguadas de todos los días acompañado de sus agoreras premoniciones de “lo que realiza correctamente y lo que realiza mal”, el medico Kellogg hallaba en las infusiones la causa secreta para las peores irritaciones. “Se ha encontrado que el de donde proviene la locura está en la costumbre de ingerir café”, repetía en medio de sus seguidores, a los cuales pretendía transformar en focos de salud natural: “No nos encontramos alegres llegar al punto de estar enfermos en-te-ros”, pontificaba con el didactismo de los asombrosos. El medico Kellogg es proveniente cerca de Nueva York en el año 1852 como hijo del propietario de una empresa de escobas. Conoció el trabajo de impréntelo y, a causa de su precoz ansiedad por saber por indagar los malhechores de la religión total, se recibió de doctor en la escuela de Nueva York a los 23 años, y un par de años posteriores se casó con Ella Ervilla Eaton, una mujer con la que nunca logro el matrimonio, debido a la “abstinencia elegida libremente de acuerdo a mis valores”. El medico Kellogg se mantenía enhiesto similar a un junco enfrente los vendavales que lograron augurar una un punto débil de la carne, una traición al alma. El matrimonio no tuvo hijos biológicos pero adopto a más de cuarenta niños abandonados, todos criados en los rigores de una formación muy seria. Y comiendo por las buenas partes de su famoso sanitarium.

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Balzac y el cafe

cafe capuchinoEllos muy audaz mente dijeron que sí. Es una probabilidad que el que fuera castigado hubiera actuado de la misma manera. Al igual que toda la comida proporcionaba alguna probabilidad de sobrevivir, y confiaron en la suerte para tomar una decisión. El señor que vivió alimentándose de cacao y que falleció posteriormente de ocho meses. El señor que se mantuvo vivo de cafeína aguanto veinticuatro meses. El señor que vivió de té sucumbió después de tres años”. La moralina de Balzac, exactamente idéntico a un viciado a los componentes del café obteniendo de vuelta, acortaba la paranoia de los anatomistas de los tiempos, que tomaban en cuenta las tres bebidas como vicios de los más peligrosos y que aterrorizaban a los pecadores con las los actos y lo que les procede a cada uno de ellos físicas de tan mala la pasión: “El señor del café falleció hervido, tal y como la figura de Gomorra lo hubiera calcinado”. La superchería religiosa copó la actitud de unos señores de ciencia, que iluminaban lugares de muerte en las pansas de sus clientes, acusando a la bebida de ocasionar cefaleas y raquitismo, inmadurez y mal ambiente anticipado, terroríficas formas de consumir el cuerpo y mantener los sesos en buen estado sin ser deteriorados, criado entre mujeres en medio de los señores y el sistema reproductor dañado en medio de las mujeres. Para otras personas, esta bebida hacia que creciera la vigilia y la autenticidad, sanaba la gota y los dolores de cabeza, se combinaba las rocas renales y mejoraba las ganas de comer (es similar que en esos tiempos los doctores desean que sus síntomas eran con la misma prisa de intuición que el doctor al que asistí en los tiempos cuando yo estaba en la pubertad, emocionado y apunto de ponerme los nervios de punta tal vez por haber ingerido mucha cafeína, al cual renombramos Dr. Rapiditi al salir de la revisión, por lo rápido de sus revisiones y sus criticas que sin poder controlarlo terminaron con la frase que puede ser de alivio, pero incluso mayor de tortura, para el paciente que inventaba sus propias enfermedades: “tú no tienes nada”). La biblioteca que tenía libros raros escondía volúmenes elefantiásicos con nombres más extraños aunque hurgaban en la historia del café, como Naturaleza de la bebida kauhi, o la del café, y la baya con que se realizaba, hecha por un doctor árabe, puesto el público en Oxford en el año 1659; el tratado actual y curioso misterioso del café, el té y el cacao, editado en Lyon en el año 1685; o el aún más ruidoso consejos de salud contra el exagera miento de las bebidas alcohólicas calientes, específicamente el café, el té, el brandy y las aguas calientes, con instrucciones para conocer a qué leyes era más favorable y en cuándo su uso puede ser mejor o peor, escrito por un médico, Duncan de la Facultad de Montpellier y cambiado las palabras al inglés en el año 1706. A criticar por la longitud del tema, le hizo falta un buen editor. Con la extraña acción de una historia asiática que repite cómo secuestran a los bebes en las compras del center o la consternación de una familia bonaerense al ajar que el esquivo al pequeño canino que llevaron de sus vacaciones en Florianópolis es un roedor amazónica, en las ciudades se multiplicaban los cuentos truculentas que no niegan que el primo del amigo del de la casa de alado se había intoxicado con café. En la galería de los señores que más se daban a conocer habían muy pocos los que no hubieran estudiado el grano del café.

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Datos interesantes del cafe y william harvey

maquinas de cafe en granoUna casa de café y 58 libras de este, unos 26 kilos de mineral oscuro: esto fue el testamento que el William Harvey dejó a sus socios del Real Colegio de Médicos antes de fallecer, el 3 de junio de 1657, fue el día en el que con sus últimas energías agarro voluntad final: que todos los meses recuerden cuando falleció logrando completar una taza de café hasta el momento en que esas exiguas provisiones se terminaran. Era un doctor de pura sangre. Se le agradece a Harvey, fiel médico de la corte del rey Carlos I, haber sido la primera persona en los detalles de las corrientes circulatorios, un temprano Magallanes de sangre, una persona muy positivista encantado por esas carretera sin peaje que transportan biodiesel hasta la parte más alta del cuerpo: pero faltaban dos centenas y media de años para que se hallara el componente más representativo del café como vicio natural, sus reacciones estimulantes eran bastante notorias para los anatomistas, todo el tiempo estuvo buscando de alejar el sopor, sobando la obsesión de la vigilia de toda la vida. Cincuenta años antes de que se abriera la primera casa de café en la capital de Inglaterra, el sibarita Harvey transportaba desde Italia su despensa privada de frutos del café, con los que realizaba una infusión sucia y turbia parecida a las aguas del Támesis, que compartía en medio de sus socios con la incógnita de un hechizo secreto debido a que en sus años de estudiante en Padua se había convertido un fanático de esta bebida. Y si es verdad que la historia guarda a los enormes hombres la potestad de una de las ultimas opiniones en paz con su estatura en cuanto a la historia (el que extraña “ay, país mío” de Manuel Belgrano o el pragmático “apaguen el alumbrado” de Theodore Roosevelt), el folclore enserio le honra a Harvey una especificación del amor que le daba a su bebida preferida en el peor momento: “¡Este pequeño grano es el lugar de donde viene la felicidad y todo lo intelectual!”. En medio crecimiento del viejo continente de las ciencias y las artes de la medicina, los médicos creían que el café a la gaveta del boticario: formaba parte del vademécum de las farmacias de ese que tuviera en posesión que recetar una solución para la fatiga o la tristeza. Con las ganas de una nueva historia de espectros, en medio los círculos comenzados se repetían historias de sorprendentes consecuencias del vicio a la bebida, pero apenas en el año 1890 se haría público en Francia la práctica llamada Del cafeísmo crónico, que daba a conocer el consumo exagerado como algo malo. El componente estaba en el banquillo y el jurado solía actuar de manera muy justa. En una combinación de ciencia victoriana y relatos de miedo a lo Edgar Allan Poe, los enterados hacían correr las fábulas brutales: se mencionaba que el rey Gustavo III de Suecia había dado órdenes a un preso por homicidio que solo tomara café hasta su muerte, como un tipo de condena que pensaban seria parcial a sus acciones y también serviría para la investigación de los médicos: facilitaría conocer las consecuencias nocivas de la bebida (con gran pena para sus seguidores, el monarca atribulado por su propio vicio a esta bebida fue víctima de las dudas palaciegas y lo mataron en la Ópera de Estocolmo; alcanzo a librarse de esa el condenado). “Digo posterior mente el resultado de una prueba realizado en Inglaterra, cuya veracidad me aseguraron un par de sujetos dignos de confianza: un científico y un político”, agrego el novelista Honoré de Balzac en su rico.

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Runge visitó a Goethe

cafe en el jardinRunge visitó a Goethe en su casa con una maleta llena de probetas, pipetas y embaces pequeños. Y el lirico, que esa fecha también no había descansado suficiente tiempo, le obsequio a su visita unas semillas de café árabe, dándole ganas a que examine su lo que tiene. Con la alegría del que fuera inteligente en su primera comanda, Runge aceptó el reto y se metió en su sala de pruebas por muchas semanas, hasta que, al fin, diferencio la cafeína de los demás componentes. Clara, inodora y con un sabor muy amargo en su presentación original, es un alcaloide, una mescla compuesta orgánicamente hecha a base de las plantas, que reparte genealogía con otros inventos del mismo tiempo: la estricnina, el veneno que abrió las puertas a la literaria a los muy recurrentes homicidios de las historias falsas sobre policías con origen británico, la morfina, la nicotina. “Goethe estaba en lo cierto”, narro Runge muchos meses después, en el tiempo de su vida ejerciendo su profesión: “En esas semillas ayee la cafeína, que logro ser tan popular”. Sorprendente en una sala de pruebas pero bastante raro en la vida cotidiana, Runge logro ser una persona tan inteligente con un futuro no tan afortunado: en sus años de madures, izo uso sus innumerables ideas sobre la química a la solución de dilemas caseros, parecidos a la remoción de partes sucias en tapizados o el encerrado en embaces de metal. Lo cual fue una forma de asegurar un modesto pasar económico, dijo si a un trabajo en la fábrica privada y, pero también descubrió una Alina de color azul, lo cual facilito que tiempo después se reprodujera infinitas cantidades de tinturas, lociones, pinturas o aromatizantes, un problema con la esposa del difunto de un viejo trabajador lo boto en la calle. Falleció en el año 1867, en la miseria y en el perdió, oprobio tal vez recomendado ya en 1823, en el tiempo la palabra cafeína surgía por primera vez en el Diccionario de los niveles médicos de los doctores franceses, en donde su nombre no era tomado en cuenta. Un par de años posteriores a su muerte, la Población Química Alemana provoco una recolección para darle un homenaje, que agarró la módica manera de una placa encima de su tumba en Oranienburgo, que suplica la nariz recta y la papada aguada de uno de los más grandes químicos de todo el tiempo. Dicen que en sus añosos días de pobreza, aun perdido y triste, descansaba tranquilo y aun dormía pensando con esa epifanía de cuando él era menor, el medio día que el mayor lirico de su país lo recibió en su hogar, en cuando el futuro se publicaba venturoso y el todos se abrían enfrente de él con las innumerables y secretas posibilidades de poder encontrarlo. El científico y el lirico se entendían en la parábola del duda de la vida. Y si es verdad que “Goethe traslado a las letras la idea de que era suficiente pensar algo perfectamente para conocerlo”, como dice el significado de Borges, el antiguo compartía con el joven Runge la bendición de una imaginación fecunda en un tiempo de ayasgos. Las crónicas no consignan si Goethe le invitó un café.

El café tiene la culpa

Un aparato para hacer café y 58 libras de café, unos 26 kilos de oro negro: este fue el testamento que el inglés William Harvey dejó a sus socios del Real Colegio de Médicos en el momento que falleció.Porttecafe máquinas de cafe y servicios de barra de cafe.

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GOETHE, EL MISTERIOSO Y EL AYASGO DEL COMPENENTE DEL CAFE

paque tomando cafeAl comenzó se pone el poeta. Inquieto por los chismes, desconcertado por el su movimiento de manos, criticando la idea de la poca inteligencia, Johann Wolfgang von Goethe, incluso septuagenario pero en condiciones aptas para hacer actividades en las que tenga que requerir de su cuerpo y otras en las que tenga que hacer uso de su inteligencia, en cada tarde piensa que la noche se acerca con el peor de los presagio y que lo nocturno lo hace reaccionar como si debiera de caminar como un vagabundo: no logra alcanzar el sueño. Santo barón del Sacro Imperio de Alemania, adivino de las letras mágicas, sabio de lo natural, una persona que tenía mucho conocimiento de las tradiciones bárbaras, “el último hombre de verdad en todo el mundo que dio un paseo sobre el planeta”, al menos es lo que dice la invitación de George Eliot, tiempo después de todas las meriendas con el miedo pedestre, la posibilidad de alcanzar el sueño era casi imposible. En 1819 y, en sus actividades de la tarde, Goethe busca los el final de su carácter como científico y expande los brazos de su curiosidad que nunca acababan hasta los lugares más cerca y remotas de la botánica, la zoología. Se estudia. Se observa. Lo mata. En la armonía del aparato que juntaba parnaso exclusivo del sabio consagrado se cuestionaba, varios atardeceres, debido a que le es imposible alcanzar el sueño. El artista Goethe bebía un sinfín tazas de café licuado cada día. Aparentan exceso pero no lo es tomando en cuenta lo que ingería antes. En los mejores días de cuando era joven, había tomado las bebidas alcohólicas y el café como y como un tapón para no dejar salir su enorme talento de hace varios años atrás, ya una vez en los 30, las ganas de transformarse en un genio extravagante lo alentó a hacer menores sus libaciones divididas en dos. Incluso de esta forma, apenas en los 40, continua negociando de que el la bebida tenía algo, que lo estimulaba de la peor manera cuando la ingería sin límites, y de esos tiempos en su carta en copia ofendida a la socialicé Charlotte von Stein, que a causa de su mal carácter lo acusaba de ser víctima de nuevo a la adicción de una bebida, no importaron los juramentos que haya realizado tiempo atrás de pasar a ser un humano normal y con libertad sin estar enganchado a la droga. Para sus 70 años, Goethe continuaba acosado por la infusión y estudiado por otras cosas a causa de sus problemas para dormir. Ese fue el momento cuando conoció a Friedrich Ferdinand Runge, un muchacho biólogo alemán que, a sus 24 años, se encontraría con el hallazgo más importante de su vida: descubriría el componente más importante y conocido de la bebida. A comienzos de los años 1800, los naturalistas del viejo continente se ponían ante el interés por la biología de las plantas. El impaciente Runge había nacido en un pequeño lugar afuera de Hamburgo en el año 1795 y, como alguien que no tenía nada que ver de siete hermanos, ya desde pequeño enseñaba una emoción particular: apenas puerto, y en tanto jugaba al biologo diseñando una medicina con el jugo de la belladona, le resbalo por accidente un poco en el ojo y encontró cómo se le cerraba la pupila y se le transformaba borrosa la vista. Eso le causo la vocación y, cuando tuvo la edad requerida, comenzó a estudiar en la Universidad de Jena, en donde le otorgo de médico con excelentes marcas. Ese instituto de medicina continua la doctrina del anatomista alemán Franciscus Sylvius, que recomendaba.

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Los principios de las cafeteras

cafe mug maquinasEl momento de la colación con un empaque de trapo le parecía que carecía de limpieza, se le ocurrió una idea que cambiaría muchas cosas: la señora Melitta agujeró con muchos hoyos la parte que lo sostenía de un embace lleno de agua de un extraño metal, la rodeo por dentro con el papel perforado que su hijo solía cargar con el e invento un aparato para regar bastante eficiente: incluso sin ningún artículo eléctrico, ya había inventado la máquina de café con coladera, la cafetera que acomodaba el almuerzo de la casa o el entro del cotilleo en el área de trabajo que fuera (haciendo infinito, de alguna forma, el ritual de ese kaffeklatsch cada vez que se deba comentar el último rumor en medio el encargado y su asistente). El 8 de julio de ese año Melitta escribió su creación en el Registro de Patentes de Alemania y, como la mecha de un explosivo, su fórmula se expandió por los todos los continentes, formando una dinastía con nombre. Contrató a un hojalatero para que le hiciera sus propios recipientes de metales, de las que se vendieron más de mil en un evento público. Y para el año 1912, su esposo creo un negocio en el que ocupó la gerencia de todo y a la que nombro con el nombre de su esposa, dándole más vida a un linaje que va hasta la actualidad, cuando casi todas de las cocinas de todas las casas de la tierra esconden en el final de sus cajones un pequeño homenaje a la señora que hizo más fácil la vida en las casas trazando, con la coladera de la bebida, una época parecida a la de cuando se usaba la ropa desechable para los bebes :al principio, de telas; después, de papel. La primera casa de café habían sido inaugurada en Alemania allá casi en 1670 y, con la tozudez extremista de los habitantes de Alemania y su necedad a dejarse llevar por las costumbres y tradiciones de los demás, los doctores avisaban que ingerirlo podría causar fallos para reproducirse o que nacieran bebes difuntos, eventos desafortunados que estimulaban las preocupaciones de las personas que rechazaban y que inspiraron a Johann Sebastian Bach para realizar su canción del café (BWV 211), la estatua estrenada en el año 1732 en donde los versos de burla hacían notar la indignación de papa por la adicción de su hija por la bebida, adicción baja para una niña de buenos modales la única manera para curarse era el descubrimiento de una buena persona para tirarse. Unos meses después, los alemanes serían los encargados de descubrir uno de los componentes de la bebida y en el invento de su Némesis bastardo: el café sin cafeína. Pero en ese tiempo agarraban la idea sin grandes deslumbras ni victorias, muy alejado de los reinos de Venecia o de las rimbombantes casas de café parisinas e incluso más acercado, en entusiasmo pero no era el espacio, de cuando la gente lo tomaba tibio que se realizaba del café países Europeos, en donde las dulcerías no daban luz gestas ni cambios y se colocaron aún más pegadas de la escuela que de los refugios, tal vez porque el café atemperaba las ilusiones más que prenderlos, como razonaba el escritor Ramón Gómez de la Serna: “la bebida el don de docilitar al indócil, de regresar inteligente a tonto, incluso en el tiempo el indolente continua indolente”. Independiente a estos dilemas, la curiosa señora mellita provoco de su nación el enorme fabricante internacional de coladeras de papel para esta bebida, incluso la génesis de un atroz creación de la actualidad.

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Maquinas de cafe en las frontera del océano

muchas tazas de cafe maquinaEn la otra frontera del océano, el fruto ello un lugar cómodo para ocultarse de las naciones escandinavos, que ya habían amenazado obsoleto ese adicto del gobierno en el siglo XIIX que sancionaba a “a las malas intenciones para las que se ingería el café y el té” y que ya habían logrado llegar al punto de ser algo absurdo: la retención de embaces o superficies planas para verter comida. Fue en entonces cuando la autoridad máxima Gustavo III de Suiza se puso como meta lograr comprobarle a la gente que el café era algo muy dañino para la gente, el negocio de las semillas se transformó en un negocio recreativo en la versión friolenta de la autoridad con ningún tipo de humedad. En una cómoda elipsis que marco un momento importante para recordar, casi cuando terminaban los años 1900 las naciones nórdicas se habrán transformado en los más grandes personas que consumían café en la tierra (15 kilos por persona cada 12 meses, más o menos y la unión soviética, el tianguis del café más veloz: 57.000 toneladas cada 12 meses en contra 30.000 de los británicos o 28.000 de asiáticos. Al principio del siglo XIX, el gran cambio de los bolcheviquenses derogó todo lo que el gobierno no quiso mostrar y cambio por la poca de lo que no estaba permitido: por los 74 años que duró la Unión Soviética, la bebida fue muy difícil conseguir, entre los negocios GUM hacían maravillas para conseguir la armonía que no podía ser comprobada en medio de las comodidades ornamental y el racionamiento de alimento, con las colas de habitantes rusos con hambre que exigían una posición estatal y tolerar bajas temperaturas hasta la Plaza Roja, en el lugar la única “bebida controlada” al alcance de la sociedad fueron el té que se llevaba desde el continente asiático o la India. Yen los años 1900, la leyenda contemporánea de los nuevos oligarcas rusos (¿alguna persona dijo “delincuentes”?) confinó el viejo samovar a los valores de casa y sumo a la internacional casa de café: el espresso se daba igual que en Roma en locales con escudos de otras naciones, igual que en suiza Nescafé o en Estados unidos Starbucks, que siembra su bandera verde en el antiguo imperio: los pequeños recipientes que funcionan con la temperatura y hacen muchas veces la misma forma de matrioshka, y cuesta lo mismo que un latte proporcionan un lugar cómodo, con casa eléctrica, fuego y todo ,en el alrededor duro. “además de la paradas del transporte público, que son en verdad enormes, con más de lo bonito de la capital Rusa, no hay otro lugar donde hacer un alto, reposarse, e inhalar. No hay bebidas, o más bien están majo tierra o escondidas, al final de traspatios que hay que saber porque no hay leyes, y si preguntas algo a un transeúnte te da una mirada como si lo hubieras agredido”, narro Carrére en Limónov, llamando la triste reclamación del poeta maldito: “los habitantes de Rusia saben morir, pero continúan sin cambiar de ineptos en el arte de la vida”.

Igual que una señora Bovary floja, la humilde señora se aburría en los comunes kaffeklatsch, esos encuentros sociales muy alemanes donde la bebida era justo el pretexto para darse al chismorreo de la vida de las otras personas. Menos un “Quijote con prendas de señora”, según el significado de Ortega y Gasset, que una esposa con inconforme, resulta la súper héroe de este cuento, incluso estaba estimulada por el medio burgués del cual era propiedad, que la empujo ya no a salir a buscar de molinos de viento.

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Historias de cafe en Rusia

jove a tomar cafeLlego a Moscú con nada de hielo pero con la temperatura bastante baja. Anonadado a causa de la enfermedad de la gente que venía de visita, en la carretera que cargaba desde el lugar donde llego, Sheremetyevo hasta el centro, me dan nauseas con los neones que patrocinaban: un montón de marcas fueron algunos tipos de las marcas más representativas de la bebida (nomás Nescafé, con habitación, y un par de lugares en los cuales sentarse a descansar; o Mak KaΦe, acomodado amante de las armas doradas)y unas tantas tonterías más. Es incomprensible entonces que, posteriormente de casi un día de viaje, tenga mis necesidades naturales: sufro por un café de máquina. DE turista en la Unión Soviética (así la llamo al instante, pero la glasnost y la perestroika hayan llegado a la mayor parte de edad desde ese trauma que lo obligo a abrir los ojos y ver la realidad, fosilizada atrás de una persiana de metal en mi mente de niño pequeño, promovido por lo que leo como un pequeño admirador de los libros y las historias de detectives), por fin me decidí tomarme una taza de café y recuerdo que era un café Moscovita. Muy bonito el tipo de aprendizaje, la salud y el gran cambio (que son mejor conocidos como gulags), pero la diferencia es que lo queremos hacer nuestro a cambio de dinero. Es en eso donde el comunismo haya tomo el lugar por consumismo, la parábola del capitalismo vencedor se pone en los negocios más importantes de tomar café, con sus mil doscientos negocios, lo cierto es que la parte más llamativa para los visitantes es la Plaza Roja, frente del Kremlin y de la dónde está el cadáver lleno de bálsamos al lado de la Iglesia de San Basilio.

Elaboradas justo al final de los años 1800, con sus vehículos futuristas y sus sótanos con vidrio de cristal, fueron detenidos en el movimiento decimo séptimo, cuando les fue otorgada este apodo: enormes recolectores públicos (“café volviendo a ser utilizados) y, en medio de toda esta variedad de atracciones, costaba pensar en las filas que en el tiempo que duro el estalinismo venían iban directo a la plaza para que ahí les proporcionaran un pedazo de pan y de queso, de esta forma alimentarse y conseguir energía. Enfermos de Dolce & Gabanna, Kenzo o Armani, ahora manda la nostalgia por haber pasado mucho tiempo sin una victoria soviética. Dentro de la tienda GUM, ingiero un espresso con el mejor tiramisú que he ingerido en mi vida entera (en recipiente y junto a un par de vainillas en vez de coronas) en Gastronom N°1, un negocio el cual da servicio todo el día y bendecida con las delicias que todo mundo tenia, todo tipo de bebida alcohólica o caviar, que fabrica barias de estas con la finalidad de tener mejor calidad de visión con las antigua provisiones soviéticas en un distinto quinto ejercicio de ostalgie, como lo cuentan: como en el filme Good Bye Lenin, las mejores memorias de la desgracia. Muy cerca de 1567, el todo el tiempo estoico sociedad de Rusia tuvo sus amistades con los componentes del café, pero no fue a través de la bebida: los inventores Iván Petroff y Boornash regresaron del continente asiático con novedades sobre una infusión con temperatura alta y estimulante, pero con ellos no llevaban ninguna pisca de ella para tomarla como ejemplo; apenas en 1618, después de una travesía terrestre que llego a durar casi dos años ,asiático transporto hasta en frente del zar Alexis.

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Blue coffee para el coffee break

sirviendo cafe de maquinaLos frutos del cafeto, mande, quise decir… ¡la envoltura para los dulces!”, respondió cuando la gente con poder del lugar le preguntaron qué era lo que deseaba como premio para agradecerle por haber defendido a su país: “y el permiso para inaugurar una casa de café”. El folclore de Austria hace memoria a ese polaco parecido a una cuentapropista pícaro que para sobrevivir le basto con tener muy pocos conocimientos y escasos acerca de cafeteril de los ganadores, tiempo después pidió dinero prestado para poder abrir su nueva tienda, que tiempo después logro que le dieran un hogar y que de haber tenido la posibilidad habría reclamado el objeto para zafar el cinturón de castidad de la mujer con mayor autoridad. En sus travesías de adolecente por Oriente había conocido las mañas de como quemar, el triturado y ya puesto en agua caliente y disolvió para preparar la bebida del oriente de la misma forma lo bebía la gente islámica desde hace ocho décadas atrás y, con esos quinientos kilos de semillas como un gran sacrificio el que realizo al comienzo, abrió el embace color azul, la primera casa de café de Viena, un negocio fabuloso en el cual dio a luz el almuerzo como lo vemos y que hoy es agradecido por un instrumento musical realizado con granos de café hoy en día es muy homenajeado por todo el planeta, la californiana Blue Bottle Coffee (una gente que se dedica a estudiar los hechos pasados no se arrepienten de decir que dos armenios con nombres Isaak de Luca y Johannes Diodato fueron los exploradores en negociar con café en Viena o que un antiguo embajador de Turquía había transportado dos aparatos para poder hacer la bebida entre su único menaje, pero la gente de Austria disfrutaban con repetitivamente de la el camino del héroe).Talvez fue un método que ellos emplearon para poder dejar en el pasado sin recordar los malos tragos de la gente proveniente de Turquía, Kolschitzky comenzó a entrenar la infusión menos pesada, con algo dulce, lácteos o producto de abeja aunque sin la borra en que los visires veían lo que iba a suceder en corto tiempo (pero no hayan logrado adivinar el aterrador fracaso).Y una forma que el invento para no dañar el fino paladar de los habitantes del centro de Europa decidió agregarle leche, sacralizando la infusión escogida para el almuerzo en el oriente. Los viejos escaladores islámicos pensaban que combinar el café con leche provocaba lepra y esa tontería se expandió desde el desde el oriente hasta el viejo continente, un chisme que repetían los encargados de las flotas que atracaban en el puerto de España. El historiador llamado Ian Bersten, creador de la obra Coffee Floats, Tea Sinks (“El café flota, el té se va para abajo”), completa la teoría con una explicación genetista: se cuenta que los anglosajones aguantan los lácteos pero que los habitantes del mediterráneo, y en medio de ellos está la gente turca, los romanos o los italianos meridionales, no toleran la leche. “Desde los dos extremos del viejo continente se forman un par formas distintas de realizar este producto básico: filtrado en arriba o al estilo espresso de abajo”. El café con lácteos se transformó en una pasión muy conocida en la ciudad y le otorgaron el nombre de Capuchino a esa bebida, con sus verdaderas sepulturas, parecida a uno de sus lujosos lugares más representativos para los turistas. Con sus sillas Thonet y sus mesas de mármol cascado, las 2.000 casas de café vienesas fueron la guarida de inteligentes y artistas malditos, acusados por los dueños codiciosos de hacerse para siempre en una mesa por “un café y diez embaces de liquidos” Portte cafe maquinas de cafe y servicios de coffee break

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El cafe y la primera comida del día

maquina cafe con dibujoEl ataque estaba justo en el tiempo más drástico: era el líquido a punto de hervir. Desde los años 1900 la antigua y muy conocida rivalidad del Imperio otomano y la de la gente muy apegada a la religión Católica, Habsburgo se discutía en medio de las violentas advertencias y el amague. Aunque en las vacaciones del año1683, las mañas se concretaron por la organización faraónica y, comandados por el enorme visir Kará Mustafá, comenzaron en el lugar de Viena. Eran aproximadamente 300.000 militares bastante entrenados y que les encantaba meterse en problemas cuando apenas habían llegado de Constantinopla, distribuidos en 25.000 carpas con barras de cafe en donde elevaban la temperatura de la plata durante sesenta días y en caso de que los habitantes del viejo continente se sentían seguros atrás de sus resistentes paredes, las mañas iniciaron a escarbar pasadizos que poca gente sabia de su existencia, a llenarlos de explosivos y la seguridad de una persona se fue al diablo. La capital se había transformado en un polvorín y el éxodo fue enorme: se dice que quedaron justamente 17 mil personas viviendo hay en donde no tenían ni una sola rebanada de pan para alimentarse, inclusa la mayor autoridad, el rey Leopoldo le pago a mucha gente para poder cambiarse de vivienda. Lo que se estaba viviendo era bastante exagerado. Algo que las mañas no sabían era que los vieneses habían ayudo gracias al trabajo de un topo un lugar en donde instalarse, un señor llamado Franz Georg  había sido un habitante del Imperio otomano por unos cuantos años, por lo cual el ya conocía bastante bien todas sus tradiciones y que trabajaba de espía. El día 13 de agosto del año 1683 se colocó un atuendo falso de militar turco, atravesó las paredes y logró llegar hasta la parte de atrás en donde se habían situado los enemigos. La otra cuestión, de la cual esta gente no tenía conocimiento era que, atrás de ellos, una multitud de 50.000 personas polacas había asistido en silencio a salvar de Viena por requerido del papa Inocencio XI, que era una ciudad de población con creencias Cristianas. Si es verdad que la historia se cuenta muchas veces como un fracaso y luego como si lo hubieran timado, los militares del Islam tenían “11S”: el 11 de septiembre, el campamento y las lugares seguros donde los únicos que tenían un seguro acceso de las mañas fueron los lugares de una pelea que los cuadernos de Historia definen como “agresiva y corta”: sorprendidos por la parte segura, la gente otomana no tuvo la capacidad de aguantar la agresividad de las fuerzas mescladas del Sacro Imperio de Alemania e Italia y de la Mancomunidad de Polonia-Lituania, que se establece como “la liga santa”. ¡Qué desparramo! Abrumados por la sorpresa y aplastados por nunca ser victoriosos, en la retirada las mañas dejaban sus locales, sus animales grandes y los pequeños, cantidades grandes de miel, arroz, leche y… unas bolsas de arpillera con quinientos kilos de unas raras semillas verdes que los lujos, en el furor de la victoria, creyeron que era alimento para camellos. Sin embargo, alguien sabía que en esos sacos se escondía media tonelada de una fortuna sin tostar. “Las semillas de café, ehhhh, digo… ¡el forraje para camellos!”, respondió Kolschitzky cuando las autoridades de la ciudad le preguntaron qué quería como recompensa en gratitud a su audacia patriótica. cafeteril dela gente que había resultado victoriosa, que después pidió un crédito para lograr abrir su vida, tiempo despues consiguió que le regalaran un hogar, con esas semillas luego se pondría una primer cafetería, daría lugar a máquinas de café y así sucesivamente.

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