El cafe de Pascal

maquina cafe mapaY retomando el tema del café de Pascal resulta que, el café de Pascal se fue a la banca rota, tal vez por el estoicismo que se hacía notar sus adornos sobrios y sus extravagantes escuetos. Apenas en el año 1686 un siciliano de nombre Francesco Procopio dei Coltelli comprendió que tal vez solo en la capital de Francia pueda tener mayor importancia cómo ingerir el café que la acción de tomarlo (si es verdad que ninguna persona mejor que un provinciano para transformarse en un único dandi, en mi primera travesía a la capital de Francia adopto la gorra típica, los pantalones apretadas, los trajes de vestir y el aire arrogante de cualquier habitante de Francia arquetípico: en la terraza del Café Beaubourg, porque de esa forma la llaman, “terraza de máquinas de cafe”, pero para nosotros es solo una vereda, me acuesto encima de la silla de mimbre que ve hacia las aceras, como en el escenario de un teatro, observo y admiro a la gente joven que se mete y se sale del Centro Pompidou, paso las hojas rápidamente de Libération a pesar de que no entienda casi nada de lo que dice y, al fin, me siento atado de una relación sentimental que enamora a los varones de años atrás y de los años que vienen :en una de las etapas en las que suele estar la mente de la gente, la capital de Francia no acaba). Delante mismo de la Comédie-Française, el teatro más grande, el Café Procope alumbro y desconcertó con sus mesas de materiales exóticos y sus espejos biselados, con los señores con pelo falso y sucio y sus cortinas de telas difíciles de encontrar. La persona que sea que haya merecido una papel en un instructivo de Historia paso por allí (Rousseau o Diderot, Beaumarchais o Victor Hugo) e incluso en el único Napoleón agarro a una persona para que fuera su aliado más importante como sancho y don quijote, esa vez en la que, de cuando era muy pequeña de edad y con pocos recursos económicos, se vio obligado que dejar su gorro para asegurar de que regresaría para pagar su bebida. De la misma forma que ya había pasado en Inglaterra, la copia de un pueblo beoda a una consumidora de café autorizo la creación del nuevo pueblo del occidente ilustrado. La enfermedad del café acuerda que la mesa en la cual estuvo Voltaire funciono de altar hecho de una manera rápida para sus restos quemados, en un largo camino para llegar hasta el fondo del panteón, o que su bebida du matin ayudo a la persona que se despertaba a altas hora de la noche si no es que incluso en la madrugada, Benjamin Franklin en los borradores del primer edificio de Norte América. El Procope era el sitio para ser visualizados, donde la bebida no tenía tanta importancia como la facha: “Solo existen un par de casas que ningún habitante de Francia soporta”, dijo Madame de Sevigné, marquesa y socialité consumada: “Son la bebida del café y las liricas de Racine”. Practicaban en el poco dulce arte del café de oriente, algunos señores le ponían azúcar en los recipientes y, tiempo después, crearon el café de filtro, muy similar a como hoy en día lo vemos y lo conocemos. En vez de calentarlo encima de llamas en un envase pequeño de latón, de la manera en que realizaban las magias, colocaban el café triturado dentro de una pequeña bolsa de tela sobre la que colocaban el agua hirviendo. Y en unas ocasiones le ponían leche, causando que Madame de Sevigné definiera entonces al café au lait como “lo mejor del mundo”. El mejor servicio de cofre break y máquinas de cafe.

 

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El café hace hace muchos años

brindando-coffee-breakEl café ya lo habían descrito hace diez decenas de años antes en un mensaje que Onoio Belli mando a Charles de L’Ecluse (“la gente de arabia usaban unos frutos para producir una especie de agua a la que nombraban cave”, contaba), en la casa enorme de Solimán Aga se fue a la taxonomía botánica para transformarse en el fetiche de los la gente que se autonombraban víctimas de la moda: el hogar se transformó en el salón de festejos más privados de ese tiempo; se dice que a los varones que estaban invitados se les daban batas de una tela especial para tirarse cómodos enzima los divanes y que a las mujeres invitadas se les trataba con todo respeto y educación del que se les facilitaba los servidores con poca experiencia. “Piernas en el suelo, los esclavos de tez oscura del embajador, siempre haciendo uso de la ropa más lujosa, dieron del mejor café, potente y oloroso, en pequeños recipientes hachos de porcelana, delgada como el filo de una hoja, puestas enzima de platos hechos con materiales muy lujosos, unos paños con flecos de pequeñas hileras de oro, a las mujeres grandes, que movían sus abanicos con distintas caras e inclinaban sus chuecas caras, con colorete, basuritas y con tela cabiendo aberturas en ropa y en el cuerpo, encima de la más reciente y abundante liquido”, puso en letras el creído Británico Isaac D’Israeli en Curiosidades de la literatura,el fue invitado a una pequeña reunión. Incluso siendo mencionado con cosas sexuales, era lo más similar a sexo en grupo, con un alma exótica y onírico expandido de Las mil y una noches. segadas por las acciones del embajador, y emocionada a causa de los componentes de la bebida, a las mujeres del pueblo francés se les aflojaba la lengua y compartían los misterios palaciegos, datos que Solimán Aga pensaba que tenían un valor muy valioso para sus intereses gubernamentales , en lo que esperaban que contestara Luis XIV que nunca vendría. Aunque de la misma forma pasaría meses después con los parques de la capital de Francia, paddle o los lugares de patinajes artísticos encima de agua helada, un furor tomo control de la capital de Francia, que en decorar sus festejos o negocios abusó de tapices y divanes. Si es verdad que “el esnobismo rebota el reflejo sin excepción, pero sea de forma indirecta y mal tratada, el progreso de los habitantes donde prospera, los cambios continuos de democratización y de todo el mundo”, es lo que escribió el maestro de nacionalidad francesa, llamado Fréderic Rouvillois en su Historia del esnobismo, con su público por “la gente de Turquía”, la gente con más recursos económicos parisina hizo de esta bebida algo de meta para todos que admiraban sus veleidades y hacían propio el lamento de Honoré de Balzac: “Nada duele tanto como ser igual a todos”. La “turcomanía” creció el berretín y la pación para el café en medio de familias que podían, aquellas que tenían la accesibilidad de permitirse el dispendio de traer sus frutos de sus plantas desde Marsella. Pero en el año 1672, cuando la estela de Solimán Aga se había esfumado y transformado en una nube y solo se mantenía en la forma de una historia urbana como para nosotros puede ser hoy en día las historias de sexo en grandes grupos en casaquintas de Pilar o de roscas políticas en el hogar de la calle Gaspar Campos, un armenio de nombre Pascal, que tuvo la habilidad de llegar a la capital de Francia como ayudante de ese embajador otomano pero no hay exactitudes de la historia que tenga algo que ver.

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Café en Holanda

Image courtesy of artur84 at FreeDigitalPhotos.netEl poder de India crecía cada vez más los recelos entre Holanda e Inglaterra, las dos naciones con fines imperiales que ostentaban su lugar hegemónica en todos los océanos y tenían sus únicos “empresas hindúes” que los llevaron a la pela cuatro veces, desde el año 1652 hasta cuando termino 1795, en el momento del último día del año la empresa Holandesa de las Indias Orientales dio las lo último que pudo darlos vencedores fueron los Británicos. “aparte de los comerciales de la gente holandesa, sus habitantes, que eran principalmente en los oficios, no logró transformarse en una economía industrial actualizada que lograra dar pelea a la larga, de una forma satisfactoria, con la cual que iba a formarse en Gran Bretaña”, narraron los historiadores Bennett Alan Weinberg y Bonnie K. Bealer: “El corto y conocido poder de Holanda del comercio internacional, la física, los nuevos inventos y las artes empezaron a ser menores al pasar el tiempo”. ¿Probablemente que los holandeses no iluminaran sus pensamientos al cubrirse de inteligencia de los componentes del café en lo que debatían se calentaba en los “centros de estudios avanzados del penique” Inglesas, sus enemigos del otro lado del mar Asia arriba estaban fuertemente relacionados con el café, levemente económico. En ninguna etapa sucumbieron a los lujos de las cafeterías reconstruidas con los suntuosos tapices orientales o acolchadas como los mullidos cuartes de Venecia ni se dejaron caer a las atracciones de una conversación sin prisas ni plazos: fue de las primeras personas en darse cuenta de que el café era considerado un commodity. De muebles pesados y por lo general negros, las pocas casas de café de las tierras bajas poseían el lujo de la cuarto de espera de un doctor, con sillas rígidas que no proporcionaban remanso a ninguna parte del cuerpo, y ni siquiera el propio Pasqua Rosée, aquel emprendedor que había abierto la primera casa de café en Inglaterra en el año 1652, logro hacer una diferencia el hábito de la población de Holanda una docena de años después, pionero único en el significado de “franquicias”, abrió un cuarto con su marca en medio de La Haya. La gente que vivía en Holanda, siempre nunca dejaban de ser eficientes en sus resoluciones, confinaron la bebida a la reserva de cuando lo tomaban en casa. Y cuando lo consumían cuando todo el mundo estaba presente, incluso cuando ya no inviten con una intención de regalo a la gente de otros países, abrirán sus tiendas de café para proporcionar el repertorio más exótico delas montañas azules, no era la bebida más comprada del mundo, aparte otra planta homónima que venía de Jamaica, apenas: puro humo.

FRANCIA, EL VISIR Y EL GOBIERNO

“Es el prometedor cambio de los tiempos, el gran evento que invento nuevas tradiciones y también cambio el temperamento del hombre”: con la verba exaltada, el gran historiador Jules Michelet de Francia fue uno de los primeros historiadores en darse cuenta de que al agente responsable y emocionada por el nuevo cambio que estaban a punto de realizar, al instigador atrás de la voluntad dándole un rumbo al pueblo, al agitador de la más increíble promesa social de todos los tiempos, libertad, ser tratados por igual, ¡fraternidad!, encarnada en las actitudes de la Revolución de Francia: la bebida. Ambicioso por la precicion, Michelet tomo treinta años en narrar su célebre Historia de Francia y, e ingresar libros y libros dedicados a documentar los eventos bélicos más conocidos por el mundo de una creencia o las intrigas palaciegas del Rey Sol, se hico egoísta con la infusión histórica que, para él, “alumbraba el alma del cambio.”

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Holanda, el hurto de café para el gobierno

tres tazas de cafe maquinas“I Am Amsterdam”: Yo soy. Yo ando. En los lugares principales de las tierras Bajas, la fabulosa frase turística estalla las probabilidades de la lengua gringa y propone pertenencia incluso al visitante de corto tiempo: “Soy del lugar donde me encuentro” .Aunque valla muchas veces al viejo continente, la mayoría de veces por mi profesión de reportero, pero nunca tuve la oportunidad de poder ir a Holanda, el mini país de los vehículos de dos llantas, las plantas y la reina de acento argentino. ¿No soy yo? En los tiempos del turista mundial, uno “será” cuanto pueda cumplir con la responsabilidad de ser el del dueño del mundo, de la misma forma que el verbo “hacer” haya sustituido al verbo “visitar” o “recorrer”. “Hice Róterdam, La Haya y Ámsterdam”, se presumen el visitante tipo que en el egocentrismo de las distancias ganadas se toma la responsabilidad como la persona que construye a las ciudades, el creaba cosas con tan solo asistir a un lugar o evento. Como recuerdos, compañeros que sí fueron me llevaron de ese lugar unos pequeños paquetes de té, unos dulces y una botella de refresco empaquetadas de un color verde decolorado con el trazo imperfecto que replica una planta pinchuda de siete hojas. En mi momento sin estar borracho que se me antoja un café, la traición es un factor fundamental: pongo el líquido a calentarse, alisto el recipiente, retiro el agua evaporizada y pienso al escoger el ingrediente natural del te, así como me tome mucho tiempo en darme cuenta las risitas de aliados o las burlas torpes en la historia de cada compañero nacional que, en su viaje por Holanda, se haya dado cuenta de pasar a ver una cafetería. “¿Qué tal el café?”, pregunto y me tiro de nuevo en el momento que veo que no se nada. Así como la cafetería no ofrece un cortado como la promesa del inicio en su menú, en Ámsterdam la costumbre del café se toma lugar en los tiempos de máquinas de cafe de la gente que la mayor parte de sus vidas estaban en el mar, bravíos que robaron los navíos que salían del puerto de Moca, se birlaron las plantas que la gente otomana había protegida con recelo, las transportaron a sus destinos del sudeste asiático y finalizaron su viaje con el problema turco, solo para cambiarlo… por el problema de Holanda. Fue considerado un robo Asia el gobierno. Debido a las cuestiones de la productiva empresa de Holanda de las India, los países del Mar Rojo perdieron una ventaja que tenían sobre los demás de muchos años siendo los distribuidores del fruto a los habitantes de Europa y Holanda, se transformó en el primer lugar oficial donde se podía negociar con el fruto del café, en todo el mundo, un gran mercado de negociantes, vendedores y mercachifles que gritaban los precios para promocionar su local y tener mayor venta que los demás, con la certeza de que asumían la responsabilidad de ser propietarios de su local: para 1724, sus plantíos en la isla de Sonda (Borneo, Java, Célebes y Sumatra, entre otras) llegaban a las 500 toneladas cada año, una gran cantidad para el viejo continente, que entonces tenía 120 000 000 personas en el: miles deseos habitantes, relacionados con en el Caffè.

Florian de Venecia o en el Lloyd’s de Inglaterra, edificaban su vida a todo mundo en su entorno de un café que venía del océano Pacífico pero que había hecho una parada previa a Holanda. Luego Haití, y Brasil, finalmente, les retiraron el cetro a India oriental, las colonias de Holanda podían diferenciarse como los mejores productores de café en el mundo.

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El café y la cuarta habilidad.

mujer-piensa-cafeAlgunos cuentan la existencia de casas de café en donde se debatía sobre el gobierno, en otras se discutía sobre la economía y en otras se discutía de medicina o literatura; básicamente en todas se discutía de temas de interés general y que las secciones de los periódicos actuales nacieron como una copia en hojas de esta sección de la realidad, con diarios como The Spectator o Tatler, este fue creado por el espíritu emprendedor de un zar mediático de nombre Richard Steele que, como cualquier otra persona norma la su edad, comenzó a anunciar un tema reducido en unos cuantos renglones que publicaba cada semana en los brulotes más repetidos entre los parroquianos y, para no dejar ir el espíritu de cotilleo, repartió equitativamente en pedazos con la responsabilidad de los “corresponsales” otorgándole a cada uno algunas cafeterías. “Voy tomando el control de toda galantería, placer y entretenimiento en los locales del señor White; toda la literatura, en el de Will; todas las noticias de fuera del país y dentro de él, en el de St. James; y todos los pedazos de información culturales, en el de Grecian”, hizo que Steele llamara más la atención y que sobresaliera. En caso de que sea verdad que, para el reconocimiento desastre que aman los reporteros, una buena noticia no es noticia, las propias casas de café británicas no lograron pensar que en corto tiempo ya estaría ocupado su lugar en las hojas de Obituarios en el enorme diario de la vida. Para 1750 la clásica cafetería de Inglaterra, epicentro de gente con mucha cultura, política y económica de la realidad moderna, había fallecido. Con un formidable empleo de lobby que aun en la actualidad es un ejemplo de cabildeo para gobernantes e intermediarios, la empresa del oriente de India logro convencer a la población de que el té, el fiel producto que cosechaba en sus flamantes lugares en India, era más sano que el café porque no está siendo considerado una necesidad quemarlo ni masticarlo ni comérselo fresco (ni siquiera copero que una plaga de roya, que alguna plaga afectara de una manera muy fuerte a la planta productora de granos de café, diezmara los plantíos de Inglaterra en la pequeña y abandonada isla de Ceilán). No estar solo provocó aprobar el relajo del té, que disminuyo los impuestos para la hojita e hizo que naciera un ritual de pompa y circunstancia que son repetitivas puntualmente a las cinco de la tarde en las tazas de café de la mujeres y de los hombres afeminados; las antiguas c asas de café, se encontraban entre la espada y la pared a causa de estar a punto de desaparecer para siempre, comenzaron a ofrecer bebidas con alcohol de muy mala calidad y se transformó envares con muy mala pinta debido a lo que hacía hay dentro y a la gente que solía asistir a ellos, y eran esos los lugares en donde pocos hombres con recursos asistían, pero iban los que eran mañosos. Para 1800, solo quedaban doce.

Fue lo que dijo y lo que el mismo tuvo que hacer para que se cumpliera, la antigua admonición de las autoridades de Cambridge y de Carlos II convertida en algo real. En la privacidad de sus salones reconstruido sobre los restos de la antigua taberna de Jerusalén, gente rica hasta más pobre y ciegos por su obsesión del poder, los hombres de la empresa del oriente de India proporcionaba con una taza de té: en una traición hamletiana, el príncipe que nació en taza de oro había asesinado a su progenitor.

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La luz del cafe

maquina de cafe portte 1Una luz pequeña y veloz oscura corrió por toda Gran Bretaña. En el año 1652, Pasqua Rosée que se dedicaba a escribir, inauguró la primer taberna de café en una pequeña parte de Inglaterra y fue la persona que empezó a publicitar las buenas acciones medicinales del fruto: en la avenida St. Michael, en Cornhill, el puesto se anunciaba con un espectacular que tenía en el un dibujo del rostro de la misma persona, como el día de hoy los locales de café de norte América se hacen notar con la testa de una persona mitad señora y mitad pez verde con un objeto metálico en su cabeza. En la obra London Coffee Houses (“Las cafeterías en Inglaterra”, en el año 1963), Bryant Lillywhite, que solía ejercer la profesión de historiador narra que el escudo se hizo famoso como símbolo de propiedad patrocinar en anuncios digitales con poca duración y que para ese tiempo más de cinco decenas locales se identificaban con el símbolo del cráneo de sus creadores, lo que pudo dar inicio a la expresión “cabeza de turco”. Los malos olores del colado, los debates eternos y el ambiente más pesado que se genera entre los señores que vigilaba en las casas de café (“había mucha gente que no paraba de estar moviéndose de un lado a otro y me acorde de una manada de ratones en una quesería que termino en un fracaso; el lugar tenía un olor a tabaco, como el cuarto de una barcaza”, se crispaba un cronista de los esos tiempos) estimularon el desconocido censor de la gente con mayor poder, que solían se los protectores de las buenas costumbres de Inglaterra. En la Escuela de Cambridge, se propusieron que “todos los que tengan una reputación popular que vayan a las cafeterías sin ser autorizados por sus de sus profesores serán sancionados de acuerdo con el reglamento para los que incurran baria veces en estas faltas de bares y cafeterías”. En Buckingham, Carlos II aceptaba su Proclama para la supresión de las cafeterías que eran “el principal punto de reunión de flojos y gente que solía prestar poca atención”; pero la autoridad quedaba impotente en la prohibición del vicio para el alumno de Oxford o el negociador de Lloyd’s que, aun en la comisión de una falta, corría el riesgo de una temporada atrás del talento de una taza caliente (“a Seguro lo retiraron capturado”: en la literalidad de la interpretación de un niño, la frase siempre me revolvía el estómago. Muchas veces por mi madre como conjuro contra la confianza antes de alguna prueba, despertaba en mí los miedos que compartía con el único británico que quise, Alfred Hitchcock. ¿Y si la ley de la cuadra quiere retirarme capturado? ¿Y si soy acusado por un delito que no hice? En su juventud como cockney londinense, un lapso selló la matriz de sus obsesiones de adulto, el mentiroso culpable o la persona común sometida a casos especiales: como sanción de una mala acción, su padre le pidió a un vecino policía que metiera unas horas en la cárcel. Mi trémula noción de tratar de hacerme el héroe alguna vez me llevó a pensar como un Montecristo detenido por el único delito del que podría ser responsable: tomar mucho café).

El capital no entiende de moral. Aun con complicaciones, las casas de café de Inglaterra continuaron el camino fundacional de Lloyd’s y alumbraron algunos de los tratos más increibles de la historia, como la Baltic, donde nació la Bolsa de Transportes Marítimos, o la Jerusalem, donde se inicio la maravillosa empresa de las Indias Orientales. Portte maquinas de cafe servicio de barra de cafe coffee break para empresas

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Maquinas de Café en Inglaterra

Image courtesy of aopsan at FreeDigitalPhotos.netPuesto a la venta de todo el mundo en el año 1609. Para la persona valga, era una gran duda sin resolver. En la realeza literaria, del escritor William Shakespeare, el creador de la enorme taxonomía de todas las personas, quien “nos inventó como somos”, según el significado del crítico Harold Bloom, no hace ningún comentario del café (ni de ninguna bebida) en ninguna de todas sus escrituras. Algo no esperado. Pero, una década después de que falleciera Bardo, lord Francis Bacon, al cual todavía se juzgaba de que pudo haber sido el auténtico creador de las obras shakespearianas, puso en su Historia Vitae et Mortis (“Historia de la vida y la muerte”): “Las mañas realizadas una especie de planta a la cual nombraban caphe”. La enfermedad de no poder alcanzar el sueño en las noches de verano para las primeras personas de Inglaterra en degustar el café, influenciados por el café, descrito por Bacon como una “droga analéptica” que podía llegar a ser tan adictiva como el tabaco, la nicotina y todas las sustancias que contiene el cigarro, un juramento tan veloz como un chispazo en la mente.

En los lugares más pequeños de la Universidad de Oxford, cuyos días de explotación de inteligencia fueron registrados con detalle de chismógrafo por el señor Anthony Wood (en libros con encabezados sorprendentes como el de Athenae oxonienses: la historia precisa de todos los autores y autoridades religiosas que obtuvieron su educación en la más viejas y reconocidas Universidad de Oxford desde el 15º año escolar del rey Enrique VII el año del Señor de 1500 hasta el final del siglo XVII), pocos iniciados con alma de escalador de montañas hacían hallazgos en la curiosa infusión oriental algo extra para cumplir con las necesidades de sus estudios, como el cretense Nathaniel Conopeos, que se jactaba de sus honores como seguidor del patriarca de Constantinopla, o un habitante con creencias distintas libanés al servicio de una gran maña, del cual pocos pudieron conocerlo por su verdadero nombre y no por su apodo (Jacob)y que logro alejarse aún más que los demás: con una gran carga de granos, semillas y legumbres que fueron traídas de Estambul, en 1650 abrió la primera taberna de café en Inglaterra, para solaz de los estudiantes y desconfianza delos maestros. En menos de diez años, las tabernas de café se fueron aumentando por Oxford (para el año 1700 habría más de 2.000 en Londres: una locura), y los mas comportados eran los que esperaban esas horas entregadas a la discusión ociosa. Aun con una carrera construida enzima el cotilleo “formal”, el remilgado Anthony Wood eran tomadas en cuenta como perniciosas cada vez que la plática o charla de los alumnos versara enzima de las noticias principales y los “asuntos de la cristiandad” quedaran afuera de ellas. “¿Por qué razón se afecta el aprendizaje fuerte y formal y pocos o ninguno lo siguen ahora en la universidad?”, se hizo la pregunta en su soporífero Athenae oxonienses: “Respuesta: cerca de los hogares donde se negociaba con café, en donde se gastaba casi todo su tiempo”. La conspicua contra de chupacirios como la del señor Wood no obsta lizo que la tradicional cafetería de Inglaterra el corto tiempo fuera reconocida como “la universidad del penique” por el costo del café uno podía debatir (y aprender) sobre todos los temas del mundo enredado en cosas pequeñas pero maravillosas, una historia antes evidente de la como la gente fue haciéndose cada vez más inteligente o política, que en las noches de nuestra avenida más comunes se fueron transformando poco a poco en calles llenas de puestos de café con todos sus precios bastante bajos. Portte cafe maquinas de cafe, barras de cafe para eventos y servicios de coffee break de gran calidad.

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Tomando Café en Italia

Image courtesy of aopsan at FreeDigitalPhotos.netXomo platicabamos anteriormente de la manera correcta de tomar café y hablábamos de Italia, hay que comentar que Incluso en tiempos con temperaturas muy altas, para la merienda encargo minestrone, la sopa saludable con pasta o arroz. Paso en un corto tiempo a tomarse con café. En la vuelta a la habitación, aguanto dolores de estómago bastante fuerte tanto que ese mismo día fue el día con más dolor de su vida, a pesar de que le ha dado toda su mala vibra al minestrone, en la vuelta a su casa en España reafirmo que había sufrido las primeras señales de la cólera, esta era la gran influencia que había ocurrido en Italia y había sido mortal para miles de personas. El señor Pellegrino tenía posesión de un gran estómago, ningún virus le podía hacer ningún tipo de daño. Aun frustrado por la indolencia culinaria que estuvo a punto de matarlo, el episodio para detallar una de las recetas más famosas de el: el minestrone, que en la hoja 70 de su enciclopedia se para con exactitud en la limpieza de los instrumentos para cocinar o el proceso de limpieza para la espinaca, y se siente mucho por la pérdida de Domenici, el hombre que le había alquilado aquella recamara y que no tuvo su resistencia para poder vencer a la enfermedad. Tal vez crispado por la actitud o arto por el café, al más famoso Artusi de Roma se lo recuerda, todo el tiempo: colérico pero preciso.

MÁQUINAS DE CAFÉ – EL COLEGIO DE LA ECONOMIA Y EL CAFE

La buena o mala suerte: el futuro no entendía de grises. A la mitad del siglo 1600, el dulce del dinero le daba sabor al alma de los próximos habitantes de Inglaterra, que siempre se les dio muy fácil la habilidad de negociar y de poder navegar. Pero una silueta los estaba cazando en medio de todos los que se daban una gran vida, la maldición iluminase de un grupo de gente naufragando en una isla desértica que y tuvo grandes probabilidades de echar a perder la riqueza para toda la vida y que realizará la verdad el miedo extremo del señor que sea con buenos hábitos: pasar de estar en la nobleza a estar en cualquier posición. La gente que hacia negocios y la gente de la marina con bajos puestos hacían crecer susurros con información bastante grande, el que narraba como un navío, de tal o cual se había ido al fondo del mar y había echado a perder a su propietario. Pero a mitad del siglo XVII iluminaron la idea que podría cumplir la labor de póliza frente a la poca aventura: en un grupo cerrado, cada negociante pagaba una cierta cantidad de recursos monetarios al mes se destinada a una causa que beneficiaba a todo el mundo. Si nadie sufría algún tipo de accidente, no se movió ninguna de las monedas de la población. Si alguien se veía en la situación de naufragar, el fondo común pagaba las notas públicas. Todos ellos se juntaban en una taberna del centro de Inglaterra dirigido por un sujeto de nombre Edward Lloyd. Hábil para las negociaciones, en corto tiempo cumplió dos labores: que la cafeína ayudaba a mantener despierta a la mente de sus seguidores y que sería más práctico en las finanzas que llenando tazas de café. Al pasar el tiempo, las mesas de Lloyd’s (literalmente, “lo de Lloyd”) se transformó por si solo en los escritorios de la primera empresa de seguros moderna en la tierra, un enorme que todavía hoy trabaja en doscientos países y que surgió con la temperatura de una maquina encargada de elaborar café.

En el siglo XVII algunos encargados de realizar una travesía ilustrados transportaban a Londres las primeras poblaciones sobre “una bebida oscura, hecha con una especie de semilla como el chícharo, mejor conocida como coaua”, o al menos es lo que dice el explorador William Biddulph en su libro Travels of Certayne Englishmen in Africa.

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Italia, el arte de tomar café de la manera correcta

cafe-velaToda la ceremonia no llega a durar más de diez minutos. Atrás de la barra, con la expresión de terror del que se asume como vigilante de una costumbre con una gran historia, el barista, con máquinas de cafe, realiza el proceso con habilidades mecánicas: si la costumbre de distribuir posiciones en la sociedad, su traje formal de vestir reluciente y su camisa blanca bastante limpia entre la clientela de ropa informal confunde los papeles de los plebeyos y de los señores y asegura la reconversión de los antiguos rituales de siempre en atracciones de parque temático. En el artículo 86 de la aristocrática Via Condotti de Italia (la aristocracia hoy en día representa: prepotencia en el consumo y acceso irrestricto a las marcas más caras, la billetera de Louis Vuitton o el foulard Hermés), el viejo Caffè Greco, que era un abarra de cafe, se jacta de suhumildad, elaborada a fuerza de la constancia desde el año 1760: fue la primera taberna cafetalera del pueblo y una de las primeras de Roma, después del Florian de Venecia o del Gilli de Florencia, que desde en 1733 alumbra con sus bolas de cristales amarrados a la clase genuina y donde el efímero ristretto se dio cuenta de su identidad como caffettiere: una exquisitez bastante corta. En el Grecia, ingerir café se transformó en un trámite veloz para los seres humanos exigidos por las prisas de la vida dulce. Si es cierto que en este planeta todas las personas trabajamos para que lleguen unos cuantos años en los cuales descansar y disfrutar nuestra vejes, pero cuando se da el caso de que alguna persona no trabaja a la gente en vez de tomarlo como una persona sabia lo toma como una persona sin futuro, tonta, inútil, y aparte nos da rabia según el observar del escritura turinés Cesare Pavese, estos italianos no están majaretas: aceleran sus proceso para conseguir servicios de coffee break y tener menos de cinco minutos para tener un buen rato en lo que consumen su bebida.

Desde hace más de 250 años una persona en busca de mejor vida en otro país griego de nombre Niccola Della Madalena inauguro el viejo Caffè de Grecia y sentó las bases de una costumbre efímero que se goza con la rapidez de una motocicleta Vespa y la racha juvenil con el que las ragazzas de los institutos cercanos mueven de prisa los escalones de Piazza di Spagna: 135 peldaños o 15 mililitros expreso de un jalón. Acompañado por sus parejas, un par de herederas y una mucama, la señora Della Madalena se estableció en Italia incitado por el éxito de las barras  de café cercanas, en las primeras funciones, la taberna griega se propuso apenas llegar a ser un lugar parecido a un club social para el hombre de a pie, a pesar de esto en un corto tiempo se transformaba en un lugar donde todo gira a su alrededor ,las pequeñas reuniones de los hombres que son una figura pública que por lo general la Ciudad Eterna que con sus vibras de tristeza hacia todo inteligente era manipulado a su conveniencia: “observar a Italia después de su muerte”. A una corta distancia nada más, el escritor inglés llamado John Keats llegó en busca de la salvación para su enfermedad y se murió en solo tres meses de estar enfermo, en lo que con mucho trabajo logro llamar a su “siguiente vida en tierra”. Las mesas de café, protegidas por aterradoras obras del renacimiento, fueron ocupadas por el escritor alemán llamado Goethe (que en poco tiempo después tuvo un papel bastante importante en el hallazgo delo que contenía el café).

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El café de Venecia

Venecia, la ciudad que se transforma menos que otras ciudades al pasar el tiempo, era el representante de puerto marítimo en Europa, una nueva república independiente que funcionaba como un segundo mercado comercial junto a China y las Indias, donde se vivía con la mayor tranquilidad moral que nacía de los festivales y su gobierno laico: un lugar muy reconfortante de gente con altos cargos o incluso con gente trabajadora para el gobierno más aparte una que otra prostituta. Por esa entrada regreso el café al viejo continente. Los habitantes de Venecia transportaban el grano de café desde Constantinopla en 1585 pero recién comenzaron a comercializarlo y ponerlo a la venta al público en el año 1683 y un poco después se transformó en un capricho, con la apertura del Florián y millones maquinas de cafe de dulcerías por todo el lugar, igual o menos mal intencionadas (como Lavena, que tenía una rivalidad desde la vereda de enfrente del centro comercial con una frase que sugiere realeza: “Desde el año 1750”, vuelve, siempre sin llegar a la majestad de varios años, de la otra), pero por ninguna tan célebre como aquella, que era bastante repetida por Carlo Goldoni, Goethe y otros nombres representativos de todas las épocas, como Marcel Proust, Charles Dickens, los espías de diferentes clases sociales, Lord Byron o Casanova, por una razón práctica: era la única de la ciudad que no tenía restringido de las mujeres.

La Piazza de San Marco una barra de café que tenía máquinas de cafe fue la primera en quedar bajo agua con cada marea alta del Adriático; Venecia, como toda ciudad que habita sabiendo que en cualquier momento puede ocurrir cualquier catástrofe que le dé un brutal giro a la situación, sea un terremoto, un alud o un tsunami, tiene tradiciones más tranquilas y calmadas, está menos mandada por estrecheces morales: el Juicio Final puede ser dentro de unas horas, así que… ¿para qué preocuparse? Desde temprano (se conoce que los venecianos se despiertan casi a medio día) hasta la medianoche, el Florián rebosa de diletantes que se otorgan al gozar de la música en la isla de donde Vivaldi es proveniente, Monteverdi vivió, Wagner murió y Stravinskyfue colocado bajo tierra: desde marzo hasta noviembre, un grupo de música interpreta un concierto de piezas fáciles de escuchar, en un tipo de “cafetería de Europa central”, según se cuenta en el menú, y que mescla “la habilidad de improvisar, brío y habilidad para expresarse” (en lo que escribo estas palabras a mano, sentado en la segunda mesa situada en el pasillo derecho del Florián, el grupo musical elabora con violín, bandoneón y el teclado la versión instrumental del tango titulado “A media luz”, la selección en honor al pasado de Carlos Gardel en un servicios de barras de cafe: repeticiones de mi voz en las paredes del pasado de un arrabal porteño y de esta misma plaza antes trescientos años). Aparte de la música dando a entender que el mundo se va a cavar, el Florián llevo al viejo continente el alma de los antiguos kahve kaneh de Arabia como sitios construidos con el propósito de hacer discusiones públicas o lugares para realizar un club social.

E incluso está el ristretto, nada pesado, chico, concentrado. Y el fruto del café mojado por todos lados con chocolate, dentro de papel de fantasía. Y las vistas únicas, a las viviendas y a la iglesia principal, el lugar donde se le hizo imposible hallar un lugar para descansar sosegado el cuerpo muerto de San Marcos que un par de negociantes cercanos hurtaron de su tumba en Egipto y que hoy se cuida en su tumba, cerca del botín obtenido en la Cuarta Cruzada y que podría ser el tesoro de una fenomenal intriga internacional del servicio de coffee break.

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